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viernes, 4 de noviembre de 2011

Rebelión de Túpac Amaru II

REBELIÓN DE TÚPAC AMARU II
(04 DE NOVIEMBRE 1780)

José Gabriel Túpac Amaru o José Gabriel Condorcanqui Noguera -usó indistintamente los dos apellidos[1] -, conocido como Túpac Amaru II (quechua: Tupaq Amaru iskay ñiqin) (Tinta, Perú 19 de marzo de 1738 - Cusco, 18 de mayo de 1781), probable descendiente del Sapa Inca Tupac Amaru[cita requerida], cacique de Surimana, Tungasuca y Pampamarca, 'indio' noble y adinerado dedicado al comercio, líder que encabezara la mayor rebelión de corte independentista en el Virreinato del Perú, primero en pedir la libertad de toda América y en decretar la libertad de los llamados "negros". Su movimiento constituyó un parteaguas que eliminó la clase indígena noble y acrecentó la represión. Ha sido reconocido como el fundador de la identidad nacional[2] peruana. Fue una figura capital para el régimen velasquista (1968-1975) y desde entonces ha permanecido en el imaginario popular reivindicado.

Primeros años

Descendiente de los incas (Tinta, 1742 - Cuzco, 1781). Era el cacique de Surimana, Tungasuca y Pampamarca, bisnieto de Juana Pilco-Huaco, la hija del último soberano inca, Túpac Amaru I (ejecutado por los españoles en 1572).

Su prestigio entre los indios y mestizos le permitió encabezar una rebelión contra las autoridades españolas del Perú en 1780; dicha rebelión (precedida por otras similares) estalló por el descontento de la población contra los tributos y prestaciones obligatorias de trabajo que imponían los españoles (mitas, obrajes, repartimientos, servicios.) y contra los abusos de los corregidores.

Su nombre en quechua es TUPAC AMARU (Amaru significa serpiente y Tupaq posiblemente significa el que se encuentra o el que pelea); José Gabriel Condorcanqui le llamaron los españoles para desacreditarlo frente a sus seguidores. El nombre de Tupac Amaru II es totalmente inexacto se debe a un error de Garcilaso de la Vega. Toda esta información fue descubierta por el historiador John H. Rowe en 1982...

Actividades económicas

José Gabriel Condorcanqui, cacique de Tungasuca

Terminados sus estudios y nombrado cacique de los territorios que le correspondían por herencia, Condorcanqui fijó su residencia en la ciudad del Cusco, desde donde viajaba constantemente para controlar el funcionamiento de sus tierras. El 25 de mayo de 1758, contrajo matrimonio con la joven Micaela Bastidas Puyucahua quien también descendía de una familia cusqueña de abolengo. Con Bastidas, Condorcanqui engendraría tres hijos, Hipólito, que nació en 1761, Mariano, que nació en 1763, y Fernando, que nació en 1770.

En ese momento, las propiedades de Condorcanqui incluían cocales en Carabaya (actual provincia de Carabaya, departamento de Puno), chacras en su natal Tinta, vetas de minas en el sur del Alto Perú (actual Bolivia), y un número aproximado de 350 mulas que empleaba como animales de carga para el transporte de mineral a las provincias argentinas, principalmente Tucumán. Todas estas actividades económicas le procuraron a él y a su familia un buen nivel económico. Sin embargo, debido a sus fuertes rasgos indígenas, la alta sociedad cusqueña formada principalmente por españoles y criollos no lo aceptaba como uno de los suyos.

La tradición de su familia afirmaba que descendía directamente de los últimos habitantes del Imperio incaico que, huyendo de la dominación española, se asentaron en la localidad de Vilcabamba (actual provincia de Paruro, departamento del Cusco). En esas ideas, José Gabriel Condorcanqui afirmaba descender de Túpac Amaru I, el último Incas de Vilcabamba, quien fuera ejecutado en 1572 en la Plaza de Armas del Cusco por orden del Virrey Francisco de Toledo.

Debido a sus prósperas actividades económicas, Condorcanqui empezó a sufrir la presión de las autoridades españolas, en especial por presión de los arrieros argentinos que intentaban tener el monopolio del tránsito de mineral por el Alto Perú. Las autoridades españolas sometieron a Condorcanqui al pago de prebendas e impusieron la obligación a todos los indígenas de participar en la mita, o trabajo en las minas en favor de la Corona.

Ante ese panorama y ante los excesos de las autoridades españolas en el Cusco, Condorcanqui presentó en 1776, una petición formal ante la Real Audiencia de Lima para que los indigenas fueran liberados del trabajo obligatorio en las minas (mita). La decisión de la Audiencia de Lima fue negativa, causando en Condorcanqui un profundo rechazo y resentimiento ante el sistema.

La rebelión

La mita y los abusos de los corregidores fueron las principales causas de la rebelión indígena que estalló el 4 de noviembre de 1780 en la localidad de Pluma. Otra causa adicional fueron los nuevos "repartimientos" de las tierras que había dispuesto el nuevo virrey Agustín de Jáuregui y Aldecoa. Estos repartimientos afectaban directamente las propiedades de Condorcanqui quien veía, de esa manera, expropiada gran cantidad de sus tierras.

Encabezada por Condorcanqui, esta insurrección popular fue la más grande en la historia del Virreinato. En sus inicios, la rebelión reconoció la autoridad de la Corona española, limitándose a exigir cambios en la organización administrativa del Virreinato para frenar los abusos de los corregidores. El día que estalló, el 4 de noviembre de 1780, la rebelión se dirigió, precisamente, contra el corregidor de Tinta, el español Antonio Arriaga, quien fue apresado ese mismo día y ejecutado. A estas alturas, Condorcanqui ya había adoptado el nombre de Tupac Amaru II, en honor de su antepasado el último Inca de Vilcabamba. Posteriormente el movimiento se propaló por gran parte de la sierra sur del virreinato.

Aunque su objetivo inicial fue luchar contra los excesos y el mal gobierno de los españoles, no pudo evitar que la guerra se convirtiera en racial (indígenas frente a europeos y criollos). Al frente de una nutrida hueste y después de vencer a un ejército de 1.200 españoles en Sangarará (actual distrito de Sangarará, provincia de Acomayo, departamento del Cusco), Tupac Amaru decidió no dar el golpe definitivo a la plaza virreinal ubicada en la ciudad del Cusco al norte de Sangarará. Al contrario, replegó sus tropas a Tungasuca (actual provincia de Canas, al sur de Sangarará). Algunas fuentes señalan que Tupac Amaru realizó esta retirada táctica con la finalidad de facilitar el diálogo con las autoridades españolas. Sin embargo, lo que permitió fue que los españoles en Cusco organizaran la resistencia y tuvieran tiempo de recibir refuerzos enviados por orden del Virrey de las ciudades de Lima, Arequipa y Huamanga. Estos refuerzos y la nueva estrategia planteada por el general realista Gabriel de Avilés fueron determinantes para que las tropas del virrey (que contaba entre sus oficiales con el brigadier Mateo Pumacahua, que encabezaría años después otro levantamiento de corte independentista) pudieran vencer a los rebeldes el 8 de enero de 1781.

Luego de esta caída, las tropas realistas, bajo el mando del Mariscal español José del Valle, persiguieron a las huestes tupacamaristas, produciéndose sendos enfrentamientos los días 5 y 6 de abril en Tinta. Las huestes independentistas fueron diezmadas y los principales dirigentes de la rebelión capturados.

Juzgamiento y ejecución
Intento de descuartización.

El 18 de mayo de 1781, en la Plaza de Armas del Cusco, Tupac Amaru fue obligado, tal y como señalaba la sentencia, a presenciar la ejecución de toda su familia, que era llamada muerte psicológica. Ante su presencia ejecutaron sus aliados y amigos, su esposa y sus cuatro hijos. Luego le cortaron la lengua. Se le intentó descuartizar vivo atando cada una de sus extremidades a sendos caballos, de manera infructuosa, por lo que finalmente se optó por decapitarlo y posteriormente despedazarlo. Los científicos que han estudiado este tema concluyeron que por la contextura física de Túpac Amaru era imposible despedazarlo de esa forma, sin embargo se le dislocaron brazos y piernas junto con la pelvis. Aunque Amaru hubiera sobrevivido a ese intento de descuartizarlo hubiera quedado prácticamente inválido. Su cabeza fue colocada en una lanza exhibida en Cusco y Tanto, sus brazos en Tungasuca y Carabaya, y sus piernas en Levitaca y Santa Rosa (actual provincia de Chumbivilcas). A pesar de la ejecución de Tupac Amaru y de su familia, los españoles no lograron sofocar la rebelión, que continuó acaudillada por su medio hermano Diego Cristóbal Tupac Amaru, al tiempo que se extendía por el altiplano boliviano, la región de Jujuy y en el Noroeste [argentina/argentino].

Trascendencia

En el Perú

La fama de Túpac Amaru se extendió de tal forma que incluso los indígenas sublevados en el llano de Casanare, en la región de Nueva Granada, le proclamaron rey de América. Siguiendo los pasos de su antecesor, que había intentado una solución pactada al conflicto, tras difíciles negociaciones, en enero de 1782, el nuevo cacique inca consintió en deponer las armas con la promesa española de indultar a los rebeldes y corregir la mala situación de los indígenas.

Las posteriores rebeliones criollas invocaron el nombre de Tupac Amaru para obtener el apoyo de los indígenas, caso entre otros de Tupac Katari en la región que vendría a ser después parte de Bolivia.

La rebelión de Tupac Amaru II marcó el inicio de la etapa emancipadora de la historia del Perú cuando este país se decide por su independencia luego de casi tres siglos de ser colonia española. Por su parte Condorcanqui es considerado un precursor de la independencia del Perú. Incluso, actualmente su nombre y figura es acogida ampliamente por los movimientos indígenas andinos, así como por los movimientos de izquierda política.

En el Perú, el gobierno militarista del General Juan Velasco Alvarado acogió la efigie estilizada de Tupac Amaru como símbolo del Gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas que él encabezaba. En su honor renombró uno de los salones más suntuosos del Palacio de Gobierno.

En el mundo

Los Tupamaros también conocidos como Movimiento de Liberación Nacional o por sus siglas MLN, fue un grupo insurgente que estuvo activo entre los años de 1960 y 1970 en Uruguay, que se denominó como tal por la admiración y respeto que según sus militantes sentían por Tupac Amaru II y sus ideales.

En los Estados Unidos de Norteamérica el famoso rapero 2pac tiene como nombre de nacimiento el de Tupac Amaru Shakur debido a la admiración que su madre Afeni Shakur tenía por el revolucionario quechua Tupac Amaru II.




Imagenes






lunes, 24 de enero de 2011

Centenario del Nacimiento de Jose Maria Arguedas


Por:Nicolás HidrogoNavarro.

Un río profundo de sangre

En la vida de un intelectual polifacético, varias pueden ser sus cualidades destacadas, pero quizá una se erija por encima de las demás: el ser maestro. En este centenario de nacimiento de José María Arguedas (Andahuaylas,18 de enero de 1911- 18 de enero de 2011), parecen reclamarlo con exclusividad y exclucencias los políticos de izquierda como reivindicación de lo que preconizó Arguedas sin ser marxista ni comunista.

Arguedas gestó embrionariamente el conocimiento y revaloración de la cultura andina, lo que deja en claro que para estar con el pueblo y revalorar sus manifestaciones no es condición sine qua non ser un activo militante de una ideología política. Esa condición de ser maestro sin contar con título pedagógico, prevalece por encima de sus calidades como escritor, etnólogo, investigador, antropólogo.

ARGUEDAS EL PEDAGOGOCO

Arguedas refunda una nueva pedagógica popular y una nueva forma de hacer política no militante: reivindicar el mundo andino, tender puentes entre dos civilizaciones en conflicto permanente. Buscar que una sea complemento de la otra. Tratar que no existan culturales superiores ni inferiores. Evitar que ese conflicto interétnico, social, cultural, religioso, económico no entre en conflagración, eso es quizá más memorable y aleccionador que todos sus escritos. Un político tradicional, de cualquiera de las polaridades de izquierda o derecha, hubiera propugnado violencia fratricida y que gane el más fuerte. Arguedas, buscó con el estudio de la cultura andina, sus mitos, leyendas, bailes, idioma, tradiciones, costumbres, música, no tratar de imponerlo, sino rescatarlo y presentarlo al mundo como un complemento de un todo. Esa actitud incluyente diferencia y perenniza a Arguedas y lo hace más grande que sus propios escritos y estudios. No es el saber enciclopédico, los títulos profesionales o la cientificidad de la investigación, lo que hace que un aporte sea imperecedero, es la actitud humanizadora y la correspondencia entre lo que dices y haces. Arguedas no buscó destruir la civilización “blanca” para hacer prevaler la “indígena”. No odio el castellano para imponer el quechua, buscó un sincretismo. Nos buscó oponer al hombre del ande con el de la costa; el de la ciudad contra el de la zona rural; el rico contra el pobre. Buscó una reivindicación de lo autóctono, de lo andino, de lo folklórico, de lo tradicional, de lo marginal a partir de la revaloración, la investigación y el conocimiento. Esas conductas intelectuales conciliatorias, eclécticas son de las más raras y escasas. Se da sólo cuando se tiene una visión pedagógica y no meramente antropologizante, sociologizadora o etnológica. Arguedas llevó su magisterio de escritor andino, al punto de confluir todas las sangres. Es por supuesto una utopía arcaica, es un enfrentamiento permanente entre el potivismo emergente de época y el enfoque socio-crítico para los estudios socio-educativos. Arguedas sufre su martirologio personal y social, profesional y cultural, eso lo hace un escrito excepcional. Enfrentarse a las corrientes de época tanto con la corriente estructuralista del boom latinoamericano (donde hasta el mismo Julio Cortázar, metió su cuchara despotricante y ninguneante contra Arguedas). De la misma manera el cientificismo positivista petulante, minimizó y cuestionó severamente “la materialización de lo subjetivo” en el pensamiento andino. Estos avatares, lejos de dar con Arguedas en el suelo, lo erigió en el pedestal de la inmortalidad, el símbolo de los pueblos, de las culturas oprimidas, de la reivindicación de lo andino, de la sed de justicia popular, de la preservación de las culturas nativas, de sus productos socio-culturales.

Creo que el magisterio de Arguedas lo ha llevado a ser el escritor y maestro por antonomasia que reclama esta nueva sociedad llena de científicos sin ciencia de pueblo; lleno de profesores sin magisterio; lleno de sociólogos de diagnósticos; antropólogos de negocio; etnólogos de libros. Arguedas no necesitó mimetizarse y camalonearse, fue uno de ellos, vivió su drama, pensó, comió como y con ellos. Eso es más meritorio en una sociedad donde se investiga a control remoto y se hace análisis a partir de videos editados, informes trucados-novelados o fotos instantáneas. Arguedas seguirá siendo el hombre que le dio a la historia de los pueblos el mismo rostro que otros quería desfigurar.

ARGUEDAS EL ESCRITOR

José María Arguedas es la más alta cumbre del costumbrismo no sólo peruano, sino sudamericano. Su condición de quechuahablante y hispanohablante, generan en él una condición excepcional para trasmitir la dulzura del lenguaje quechua complementado con el descritivismo del castellano.

“Los ríos profundos” se lee con devoción y nostalgia en todo el territorio peruano. Es la historia misma de Arguedas, transfigurado en el niño Ernesto que va por los pueblos y a su paso hace un paneo de todas las costumbres y tradiciones, lleva consigno su nostalgia, sus impresiones, su ternura, la inocencia de su zumbayllu, juguete mágico-mítico en la que de esconde su alma, su pasión y su ternura, volcada en toda la novela.

Y el cuento, convertido en la más magistral pieza dramática del extremo de la injusticia entre ricos y pobres, “El sueño del pongo”, se eleva a la categoría universal de los referentes para sensibilizar a cualquier auditorio, en cualquier cultura, espacio, latitud y tiempo histórico.

El Conglomerado Cultural, organización cultural multidisciplinar y multiartística, consciente que honrar a las personas y sus creaciones, es más importante que cualquier interés de cálculo económico mediático o de subordinación política de los gobiernos de turno, se suma a las protestas y al planteamiento de reivindicar al insigne escritor y folklorista peruano José María Arguedas Altamirano, honrando el año 2011 con su nombre por los siguientes motivos:

1.- José María Arguedas Altamirano es el escritor del Perú profundo, autóctono y andino más grande que ha parido los cerros, los ríos profundos, las quebradas. Su escritura no sólo es la más fiel al sentimiento andino y su sincretismo, sino que es el traductor y puente entre el quechua original del Perú y el castellano conquistador.

2.- José María Arguedas Altamirano simboliza el investigador folklorista por antonomasia, el escritor que abrió de par en par el ande sudamericano y su espíritu a la cultura occidental.

3.- José María Arguedas Altamirano, le pertenece a todos y nadie puede apropiarse su exclusividad ni ideológica, estética ni social: nació, vivió y murió para encontrar puentes culturales y en su ruta de vida buscó la integración, el respeto por los oprimidos con sus tradiciones, costumbres y vivencias. Querer polarizarlo antagónicamente hacia un sector ideológico, puede ser tan pernicioso, para un hombre que murió incomprendido y ninguneado por un sector de la intelectualidad de su época.

4.- Conocido el perfil e importancia de este escritor, todos los intelectuales, poetas, narradores esperamos que este año 2011 se denominara “Año del centenario del nacimiento de José María Arguedas Altamirano” pero no, se optó por el impulso marketero de un resto arqueológico que no se le resta importancia, pero asomó una vez más la cosificación en el orden de importancia y prioridad de la concepción de cultura en el Perú. Y contraviniendo cualquier reivindicación el gobierno de turno, junto a su partido gobernante, inconsecuente con sus ideales fundacionales, les dio la espalda a la cultura viva y el reconocimiento a sus hombres que dejaron huella, desestimando el clamor nacional de los hombres de cultura.

5.- Dado esta circunstancia, nos declaramos en rebeldía y asumimos la denominación del año 2011 en nuestros documentos y envíos con post membrete hasta el 31 de diciembre de 2011: “AÑO DEL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS ALTAMIRANO”, escrito simbólicamente con color rojo, de todas las sangres.
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